El barrio gastronómico de Manizales lleva siete meses conviviendo con cierres, polvo y desvíos. Mientras la obra entra en su tramo final, los comerciantes aprendieron a mover el negocio sin mover la dirección.
Quien llega hoy a La Estrella buscando almorzar tiene que hacer algo que hace un año no hacía: averiguar por dónde se entra.
Las calles del barrio llevan meses abriéndose y cerrándose por tramos. Un día la vía que siempre usó está pavimentada y habilitada; al siguiente, el frente de obra se corrió una cuadra y el acceso que servía ayer hoy termina en una valla. Para los cerca de cincuenta negocios que viven del flujo peatonal de este sector —restaurantes, cafés, tiendas, talleres—, esa incertidumbre ha sido el verdadero costo de la obra. No el ruido. No el polvo. La duda del cliente que, ante la ruta incierta, decide mejor ir a otra parte.
La obra, en números
El Paseo La Estrella es una intervención de la Alcaldía de Manizales y el Invama sobre el corredor gastronómico del barrio. Contempla ampliación de andenes, mejoramiento de vías, modernización de luminarias, adecuación de ciclorrutas, organización del parqueo en bahías y la instalación de unas escaleras eléctricas entre las carreras 23A y 24A que conectarán el sector con el nivel de la avenida Santander.
La inversión ronda los 9.911 millones de pesos y el plazo de ejecución pactado es de ocho meses, contados desde el 25 de febrero de 2026. Es decir: la fecha de entrega prevista es el 25 de octubre.
En los últimos meses la obra ha avanzado por frentes simultáneos —pavimentación de la zona gastronómica, adecuación de redes de drenaje, andenes en las vías perimetrales— y ha ido habilitando tramos a medida que los termina. Los componentes de las escaleras eléctricas ya llegaron al sector; su montaje se concentra en la calle 61A.
Lo que costó llegar hasta aquí
La factura la han pagado los negocios.
En julio, LA PATRIA recogió el testimonio de Andrés Mauricio González, dueño de Eleccom, quien calculó que durante los peores meses las ventas y el flujo de clientes cayeron entre 80% y 90%, con cerca de tres meses de ingresos deprimidos.
Differente Coffee, que llegó al barrio en diciembre de 2025 y cuyo propietario representó a Colombia en el Campeonato Mundial de Cafés Filtrados de 2025, reportó al mismo diario una caída cercana al 70% desde febrero. Su queja no era contra la obra en sí —que elogia— sino contra la simultaneidad: calles cerradas, glorieta cerrada, andenes intervenidos y poco tráfico peatonal, todo al tiempo. Pedía más acompañamiento para los comerciantes durante los meses de ejecución.
Otros negocios de larga data, como Tienda La Estrella, han descrito el mismo patrón en dos tiempos: mientras la obra está en frente, el cliente desaparece; cuando el tramo se entrega, vuelve —y a veces vuelve más gente que antes, porque la zona quedó mejor para caminar.
Esa es, en el fondo, la apuesta del barrio: aguantar el tramo malo para quedarse con el bueno.
Las tácticas: domicilio, señalización propia y redes
Sin plata para publicidad grande, los negocios de La Estrella armaron su propio manual de supervivencia. Se repiten cuatro movidas:
1. Explicar la ruta, no promocionar el plato. Varios locales dejaron de publicar solo fotos de comida y empezaron a publicar instrucciones: por dónde entrar hoy, dónde parquear, cuántas cuadras hay que caminar. El contenido más útil de estos meses ha sido, literalmente, un mapa.
2. Domicilios propios. Ante la caída del flujo peatonal, buena parte del sector empujó el domicilio directo —por WhatsApp o por plataformas— para sostener la operación de cocina aunque el salón esté vacío.
3. Horarios corridos y noches largas. Como la obra trabaja de día (los cierres suelen ir de 5:30 a. m. a 5:00 p. m.), varios negocios trasladaron su esfuerzo comercial a la noche y a los fines de semana, cuando el sector vuelve a ser transitable.
4. Pedir la información antes de que llegue la valla. La Alcaldía instaló un punto móvil de atención en el sector y levantó actas de vecindad con residentes y comerciantes. Los negocios que mejor han manejado los cierres son los que preguntan con anticipación qué se va a cerrar y cuándo, y alcanzan a avisarle al cliente.
El caso de Teckel Food Co., en la zona alta del barrio, ilustra bien el punto tres y el primero. Su calle está cerrada por el frente de obra y hoy el acceso es únicamente peatonal: hay que dejar el carro y caminar aproximadamente una cuadra. En lugar de esperar a que el cliente lo descubra en la puerta, el negocio optó por decirlo de frente en sus canales —dónde parquear, por dónde subir, cuánto se camina— y sostener la operación con domicilio mientras dure el cierre.
Lo que viene
Faltan semanas para la fecha de entrega. El tramo pendiente incluye el montaje de las escaleras eléctricas y las vías perimetrales, y es probable que traiga nuevos cierres temporales.
Lo que piden los comerciantes es consistente y modesto: que los cierres se avisen con tiempo, que los tramos terminados no se vuelvan a intervenir, que haya patrullaje y que la promesa comercial del proyecto —más gente caminando el barrio— se cumpla cuando se retire la última valla.
Por ahora, La Estrella sigue a media máquina. Con el mapa en la mano.
Nota de transparencia: Rowell, agencia vinculada a la dirección de este medio, presta servicios de marketing a Teckel Food Co., uno de los negocios mencionados en esta nota. Ninguno de los negocios citados pagó por aparecer en ella.
Información de la obra: Alcaldía de Manizales e Invama. Testimonios de comerciantes previamente reportados por LA PATRIA, salvo los recogidos directamente por este medio. Foto: Alcaldía de Manizales.
