Historia del más grande despojo de tierras en Caldas

Herederos logran que se haga justicia.   Por José Luis Zuluaga Soto.

Después de cien años de lucha judicial los herederos de Don Paulino Osorio, uno de los fundadores de Manizales, lograron que la justicia empezara a reconocer los derechos como los legítimos dueños de un enorme territorio que comprende los sectores de Los Alcázares, La Francia, San Peregrino y Morrogacho.

En el año l.850 llegó a la capital caldense el empresario antioqueño Paulino Osorio Arias, con 61 lingotes de oro, de 25 kilos.

El señor Osorio compró una enorme extensión de tierra que comprendía la parte sur del Municipio, desde Chipre hasta la actual Carretera Panamericana, incluyendo una parte del sector de La Cabaña y La Manuela.

Curiosamente y sin que nadie diera una explicación el empresario desapareció en l.875 y jamás se volvió a saber de él.

Don Paulino estuvo casado con doña Sótera González, de cuya unión quedaron diez hijos. Como mayordomo de la enorme finca su propietario nombró a Rafael Jenaro Mejía Vélez, una persona llegada de Santa Rosa de Cabal.

El señor Osorio le entregó con escritura pública un lote de 2.000 metros cuadrados a su empleado para que hiciera su casa.

Con la extraña desaparición de don Paulino se inició una lucha por esa tierra. En l.921 hicieron la correspondiente sucesión y partición de los terrenos.

Sus herederos fueron perseguidos en forma violenta y debieron abandonar las propiedades.
Muchos de ellos murieron en la total miseria.

El señor Rafael Jenaro Mejía Vélez, según los escritos que aparecen en la demanda, se apoderó de una amplia zona en los sectores de La Francia, Alcázares, San Peregrino y Morrogacho, utilizando métodos fraudulentos.

Los voceros de la familia Osorio indican que los documentos de propiedad fueron adulterados con el apoyo de funcionarios públicos, como notarios, registradores y el Instituto Agustín Codazzi.

En el sector, que se convirtió en zona urbana, viven muchas familias que tienen sus casas, las cuales fueron levantadas en los terrenos que hacen parte del litigio.

Los constructores, en su gran mayoría, le compraron a la familia Mejía, que aparecía como propietaria, sin un estudio profundo de los títulos de propiedad, situación en la que también cayeron los bancos que financiaron los proyectos.

Los investigadores de la familia Osorio encontraron que los predios fueron desgajados mediante la utilización de documentos fraudulentos, que hoy son estudiados de la Fiscalía, en una investigación cuyos resultados llegarán próximamente.

La Corte Suprema de Justicia en fallo de 2.013 les dio la razón a los demandantes de la Familia Osorio e indicó que esos terrenos eran de ellos, como sus legítimos herederos.
Lo mismo hizo la Agencia Nacional de Tierras.

En el año 2.003 el Juzgado Tercero Penal Municipal profirió una tutela que le ordenaba al registrador de Instrumentos Públicos, Luis Orlando Aristizábal, la corrección del folio de matrícula inmobiliaria que fue montada en forma paralela a la de la familia Osorio, la cual sirvió para legitimar las escrituras fraudulentas.

Esta decisión nunca la ejecutó la Oficina de Instrumentos Públicos. La lucha por la recuperación de los terrenos ha estado manchada de sangre y de toda clase de presiones y amenazas.

En Manizales murió en forma extraña uno de los herederos Efraín Osorio Pinzón cuando fue arrollado por una motocicleta en forma inexplicable.

Con el señor Edgar Osorio también sucedió otra situación inexplicable. Después de regresar de una audiencia en Manizales fue encontrado muerto, con síntomas de asfixia, en la Ciudad de Cali.

CAV

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